Escocia, la pérdida de un precedente

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Análisis de la situación relativa a la consulta y la evidente falta de información respecto a la misma.

Hace unas semanas tuvimos la respuesta de los ciudadanos de Escocia respecto a la consulta de su independencia. Mientras tanto, en Catalunya se observaba esta situación con una mezcla de expectación, alegría y temor. ¿Qué decidirían los escoceses? ¿Qué ocurriría en el futuro?

Desde la Generalitat se esperaba con ansia un amplio Sí de la ciudadanía escocesa. ¿Por qué? La respuesta a esa pregunta, en mi opinión, es doble.

Primero una obvia. Un Sí reforzaría la posición de Catalunya (nacional e internacionalmente) para lograr realizar la consulta relativa a la independencia que pretenden celebrar, así como reducir los eventuales temores de los votantes a decir Sí, por cuanto ya existía un antecedente.

Sin embargo, existía otro gran motivo, incluso más importante que el anterior. Escocia sería el precedente, sería el “conejillo de indias” en los grandísimos problemas e incógnitas en materia económica, procedimental, política y social que una decisión así podría provocar, y no sólo relativa a los acuerdos y medidas que tendrían que consensuar conjuntamente entre el Reino Unido y Escocia, sino, y principalmente, de Escocia frente a la Unión Europea. Ahora ya sabemos la respuesta ha sido NO y, ¿ahora qué?

La Generalitat pretende seguir adelante sin un precedente e iniciar la andadura, llena de incertidumbres, por sí mismo empezando el procedimiento a través de una Consulta a los ciudadanos sin efectos jurídicos. Sin embargo, si analizamos lo ocurrido en Escocia,  la situación actual de Catalunya muestra evidentes diferencias. La primera y más evidente es la propia celebración de la consulta. Mientras que en Escocia, la celebración de la consulta estaba pactada entre el Gobierno del Reino Unido y Escocia, en España no ocurre lo mismo. No entraré a valorar los motivos de situación y si los mismos están ajustados a derecho o no, ya que para eso hay grandes expertos que ya han tratado el tema. Pero lo que sí es indiscutible es que en Escocia la celebración de la consulta entre las partes, y de los efectos de la misma, sí estaban pactados, por lo que no se generaron graves incertidumbres respecto al propio procedimiento (independientemente del resultado), por los que la celebración del mismo, a penas generaron efectos perniciosos. Como se verá más adelante, esto no ocurre en Catalunya, donde no hay acuerdo para la celebración (la cual se decidirá judicialmente) por lo que la propia consulta sí puede generar problemas. Pese a lo anterior, hay otra gran diferencia, aún más importante, y sobre la que me voy a centrar: la información que se ha dado por parte de los dirigentes en relación a la consulta (independientemente se celebre o no). Hay una pregunta muy simple, ¿sabemos que supondría la Independencia para Catalunya y que consecuencias podría tener tanto para los españoles como para los catalanes a menos de dos meses de la fecha prevista para la consulta? La respuesta es NO. Independientemente que se celebre o no la consulta (cuya legalidad tendrá que resolver el Tribunal Constitucional), lo normal sería prever todos los escenarios (incluido un posible respaldo del Tribunal Constitucional a la Consulta) y, por consiguiente, que la población estuviera plenamente informada de los riesgos y/o consecuencias que podría tener el resultado de la misma. Mientras que en Escocia se ha realizado un auténtico debate, exponiendo todos los puntos de vista, riesgos, beneficios, opiniones que han llevado a un voto informado de los ciudadanos, en Catalunya, si se celebrara la consulta, nuestro voto tendría que estar motivado por un “acto de fe”, ya que realmente no sabemos nada de lo que puede suponer la independencia. Para comprender esta absurda situación, tenemos que ver el origen y la situación actual del

Origen de un problema

Pese a que las posturas independistas en Catalunya tienen un origen histórico y que se ha mantenido durante siglos, nunca había alcanzado el nivel de apoyo popular del que goza actualmente. Durante muchos años se ha mantenido un difícil equilibrio entre las posturas nacionalistas de Catalunya y los intereses del Estado Central, que finalmente llevaron a la aprobación de un nuevo Estatuto de Autonomía de Catalunya (2006), con un amplio apoyo político y social tanto en Catalunya como en el resto de España (excepto por parte del Partido Popular y partidos conservadores que se opusieron a la citada norma).

Fue precisamente la Sentencia del Tribunal Constitucional (2010) relativa al Estatuto de Autonomía donde se declaró inconstitucional alguno de sus preceptos, el punto de inflexión entre el deterioro de la relación entre Catalunya y el Estado Central, opinión que comparto con mucho expertos políticos que han manifestado la misma opinión: Miquel Roca, Felipe

El hecho en sí es que el Tribunal Constitucional (constitucionalmente el Cuarto Poder del Estado) tiene la percepción pública de estar altamente politizado (recordar simplemente el bloqueo que sufrió el mismo para la renovación de sus cargos por la negativa constante del Partido Popular, cuando era oposición que llevo a que se retrasara casi 4 años la resolución sobre el Estatuto). Por ello, y dada la mayoría conservadora en el citado Tribunal, se entendió por parte de mucha gente, que dicha sentencia era más de carácter político que jurídico. Si a este hecho se le añade el procedimiento de promulgación que había seguido esta norma que fue aprobada por el Parlament de Catalunya por mayoría absoluta, por las Cortes Generales, por mayoría absoluta, y por referéndum de los ciudadanos de Catalunya, no se entendió esta limitación del Estatuto por parte del Tribunal Constitucional (ya que mayor legitimación democrática resulta difícil) respecto a cuya imparcialidad mucha gente duda.

Pero a este hecho se le añadió que algunos de los preceptos declarados inconstitucionales, están incorporados por otros Estatutos de Autonomía de otras Comunidades Autónomas (que han contado con el apoyo del Partido Popular y no ha habido problemas con ellos). Todo ello y unido a las políticas centralistas del Partida Popular desde su llegada al Gobierno, ha supuesto que muchos ciudadanos de Catalunya se consideren discriminados y ninguneados por el Estado central y por dirigentes de otras Comunidades Autónomas que han llevado a cabo políticas y manifestaciones, cuanto menos, tendenciosas o maliciosas respecto a la situación de Catalunya, sus intereses, peticiones y anhelos.

Junto a lo anterior, se ha desarrollado una estrategia de confrontación y demonización de las Instituciones catalanas realizada por el Partido Popular desde su periodo de oposición y que ha mantenido hasta la actualidad, con la finalidad de obtener réditos políticos en el resto del Estado Español, manteniendo una postura claramente centralista en sus políticas. El por qué de esta actuación por parte del Partido en el Gobierno es relativamente fácil de entender.

Desde un punto de vista electoral, en Catalunya el Partido Popular siempre ha sido una fuerza política minoritaria y no requieren de su apoyo para alcanzar mayorías en los periodos electorales que afectan a todo territorio español. Por consiguiente, obtienen un mayor rédito en el resto de España fomentando un espíritu anticatalanista (crear un enemigo ayuda mucho para ocultar otros problemas) y no padecen el desgaste que podría suponer compaginar una política que consensuara las posturas catalanas y españolas. Si a esta situación se le ha añade la difícil situación económica de Catalunya durante estos últimos años, el déficit de financiación estatal en contraposición al déficit de las Balanzas de pago, el recorte en los servicios del Estado de bienestar, etc… que se ha utilizado (inteligente y demagógicamente) por parte de la Generalitat como arma arrojadiza culpando única y exclusivamente al Estado Central de las mismas, intentando ocultar su responsabilidad.

En conclusión, tenemos una política errónea y perniciosa por parte del estado Central contra Cataluña, que agravada por la situación económica ha llevado a configurar la independencia como alternativa ilusionante. Es decir, el movimiento catalanista se ha nutrido, por un lado de los nacionalistas convencidos, por los no nacionalistas que se han sentido menospreciados por España, y por los descontentos por los efectos de la crisis que vinculan su situación con las políticas económicas del Estado central. Y que ha hecho el Gobierno Central ante esta posición, pues agravarla. Su única respuesta sea centrado una y otra vez en que la consulta no es ajustada a derecho y que no la permitirá bajo ningún concepto, haciendo uso de todas las herramientas legales de las que dispone para evitar su celebración. Esta postura ha supuesto que ni se entre a valorar su fondo, negándose a analizar o buscar una solución política a las diferentes causas de la situación, ni realizar una explicación pedagógica de la misma. Esta postura, legítima en todo caso, puede ser muy peligrosa, ya que ha provocado un enrocamiento y radicalización de las posturas que afectan a uno de los territorios con mayores recursos y potencialidad de toda España generando aún más sentimiento patriótico e independentista.

Finalmente tenemos la tercera parte del problema que es la posición del Partido Socialista (el segundo mayor partido español). La posición del PSOE resulta ser esquizofrénica. Me intentaré explicar. Históricamente, el PSOE, para lograr mayorías en los periodos electorales, requiere necesariamente obtener un gran resultado en Catalunya (debido al sistema electoral territorial utilizado en España). Por ello, el PSC ha mantenido una posición federalistas intentando compaginar sus intereses en Catalunya con la posición del partido en el resto de España. Sin embargo, dada la radicalización de las posturas (en Catalunya y el resto del Estado), ha llevado a mantener posturas populistas y contradictorias según el territorio, está llevando a la imposibilidad de mantener un posicionamiento único, y por tanto, se ha derivado a posiciones contradictorias o a discursos vacios de contenido (defendiendo el federalismo como sistema pero sin entrar a definir el contenido del mismo). Es decir, quiere quedar bien con todos y lo que están consiguiendo es que la gente perciba que no saben qué hacer. En resumen, nos encontramos con la siguiente situación: Por un lado tenemos a la Generalitat de Catalunya, que junto a los partidos tradicionalmente independentistas han utilizado la frustración de la población catalana para exacerbar los sentimientos independentistas (en muchos casos para ocultar su propia responsabilidad). Por otro lado tenemos al Gobierno Central, dirigido por el Partido Popular, que siguiendo sus políticas centralistas, se niegan a tratar los problemas políticos de la situación actual por cuanto, mientras esta dure obtendrán réditos políticos y no sufren el desgaste electoral en el resto de España, que supondría asumir las medidas que se requerirían para solucionar el problema actual. Y por el otro, tenemos al PSOE que no dice no contesta, porque no tiene una postura clara y única (ni en Catalunya ni en el resto de España), sino que ha optado por la opción equilibrista. Pero después de toda esta explicación, se preguntarán el lector: y todo esto, ¿qué tiene que ver con el principio de este artículo respecto a la información que tenemos los ciudadanos? Es muy sencillo, dado las motivaciones de cada parte, resulta que ninguna tiene un interés especial en generar un auténtico debate sobre la cuestión. Unos porque su postura es que no hay debate, otros porque han apelado al sentimentalismo y a la crispación social y otros porque realmente no saben que decir.

En este sentido, no se ha abierto un auténtico debate público respecto a los beneficios, y sobre todo, los riesgos que puede suponer un proceso independentista de Catalunya. Nadie ha explicado los problemas que pueden acarrear la mera consulta de independencia. Entiendo que la mera celebración de la Consulta ya tiene efectos palpables en la economía (ya ha bajado la inversión extranjera en Catalunya un 66% en el último trimestre) y no se está siendo objeto de debate ni de opinión por parte de los ciudadanos. Es una verdad universal que el gran temor que tienen los inversores es la imprevisibilidad.

En un momento como el actual, que parece haber una lenta recuperación económica después de una de las mayores y más brutales crisis que ha sufrido España, la mera posibilidad de una consulta ya ha supuesto un descenso de la inversión extranjera en Catalunya y un descenso en las expectativas de crecimiento. El motivo es muy simple, los inversores tienen miedo de invertir en un territorio del que desconocen su futuro. Aquí se ve una de las diferencias que ya he citado anteriormente con Escocia: mientras que Reino Unido y Escocia habían pactado las condiciones y consecuencias de la consulta, lo que ha generado previsibilidad y una cierta tranquilidad en los mercados, en el proceso catalán no se da por tanto, el temor de los inversores va en aumento, porque no hay nada peor que la incertidumbre al futuro. Esta situación empeoraría de un SÍ, porque la situación de indefinición se agravaría muchísimo, sin que se tuviera claro cuál sería el futuro. En ese caso, una posibilidad más que plausible es que los inversores abandonaran Catalunya, por ser considerada de alto riesgo y por tanto, el riesgo de recesión es inevitable. En ningún caso digo que no se tenga que celebrar la consulta, pero sí que habría que advertir al electorado de los riesgos que supone su mero planteamiento en la economía, tanto española como catalana, en un momento en que se sufre un 25 % de desempleo (55% juvenil), con los precios por los suelos (con riesgo evidente de deflación), con los ingresos impositivos más bajos desde hace una década, y con el mayor déficit de su historia reciente.De verdad podemos poner en riesgo la inversión en un momento así por una cuestión territorial cuando la simple economía española ya genera dudas? Esto no se ha explicado por parte de ninguno los Agentes políticos (Generalitat, Estado Central, etc..), ni se ha advertido que ese clamor independentista (y con una exaltación sentimental) puede tener unos efectos gravísimos e irremediables. Pero esta falta de información llega a su paroxismo respecto al futuro de Catalunya en caso de independencia.

La Generalitat ha indicado que una vez iniciado el proceso de independencia ya se acordará todo, en especial la relación de Catalunya con la UE dejando estas cuestiones para el futuro (el Estado Central no ha dicho nada, ni blanco ni negro). Puede que sea como consecuencia de mi actividad profesional como asesor legal de empresas, pero cuando viene un cliente a nuestra casa, nuestra obligación es decirle la verdad. Exponemos la situación de una forma realista, explicando claramente las alternativas de las que dispone, y analizando los riesgos y ventajas de cada una de las decisiones que puede tomar. Esto permite a nuestro cliente optar una decisión absolutamente informada, sabiendo en todo momento a qué se enfrenta. Esto se conoce como consentimiento informado. Este consentimiento informado se deber dar en todas aquellas decisiones que tiene que tomar una persona cuando pueda tener graves afectos en su futuro (cuestiones legales, fiscales, medicas, estratégicas, familiares, etc…). La obligación de los profesionales es facilitar de forma comprensible a la persona afectada toda la información basada en nuestra experiencia profesional para que ésta decida y actúe de forma objetiva para, en la medida de lo posible, tomar la decisión optima para sus intereses. Esto, que se da en todos los ámbitos de la vida y que debe dirigir la actuación de cualquier profesional, parece que en la política, y sobre todo en el tema que nos ocupa, no se da (dicen lo que les interesa que oigamos, y omiten todo lo demás), por ello el debate es esencial en la vida democrática.

Para aplicar una analogía sencilla respecto a la situación actual que vivimos los catalanes, sería como un Cirujano Plástico que nos propone una operación experimental meramente estética cómo primera y única alternativa, y que nunca se ha practicado en el mundo. El médico nos dice que quedaremos guapísimos, que nos beneficiará en nuestra vida, pero en el momento por el que le preguntamos por los riesgos de la operación, nos dice que ni idea, que cómo nunca se ha hecho no sabe que puede aparecer, pero que no nos preocupemos, que a medida que salgan los problemas, ya intentará solucionarlos como pueda, que esto no es importante. Pero es que además, acudimos a otro médico para buscar una segunda opinión, y lo único que nos dice es que según las normas del Hospital no hacen esa operación, y se niega a darle más. En este caso, vamos a un tercer médico, que es muy agradable y, con muy buenas palabras nos dice que no le puede decir nada, porque éste tema no lo ha estudiado. Pues esto es lo que pasa en Catalunya, nos piden que demos nuestra opinión en una consulta sobre la independencia de Catalunya, y no nos facilitan ningún tipo de información sobre los beneficios-riesgos de esta decisión cuyo resultado puede afectar el resto de nuestras vidas.

Preguntas como ¿Seguro que estaríamos en la UE? ¿Qué pasaría si quedamos fuera del Euro? ¿En caso de tener una moneda propia, se produciría un “corralito”? ¿Se reducirían nuestros ahorros por una eventual devaluación? ¿Tendríamos recursos para mantener nuestro estado de bienestar? ¿habría una fuga de capitales? ¿Cerrarían empresas por no estar en el Euro? ¿Aumentaría el paro? A ver son preguntas muy simples, que nadie ha explicado.

No pido el detalle de todos los efectos de la independencia, porque en efecto habrá muchísimos flecos que se tendrían que ir solucionando poco a poco (y respecto a los cuales actualmente no hay respuesta) pero hay una pregunta básica que centra todas las anteriores: una Catalunya independiente, ¿tendría cabida en la UE y el EURO? La respuesta por parte de la UE, ha sido clara en las consultas realizadas por Escocia y Catalunya: en caso de independencia se tendría que pedir su ingreso en la UE. Como bien saben para lograr el ingreso se requiere la unanimidad del resto de Estados y esta posibilidad me parece, a priori muy compleja. Por un lado tenemos la propia España, ya que Catalunya seria una evidente competencia, y por otro lado tenemos a otros países en la Unión Europea que también tienen problemas territoriales que podrían generar un peligroso precedente para ellos (Italia, Francia, Bélgica, etc…)

Pero es que además España (y por tanto Catalunya), a diferencia de Reino Unido (y por tanto Escocia), está integrada en el Euro. Por tanto, una salida de la UE, supondría una salida del Euro y esto derivaría en una crisis económica sin precedentes en Catalunya. La concatenación de hechos, serían los siguiente, según los expertos: La creación de la una moneda propia, supondría en un primer momento se saliera con un valor paridad Euro. Al día siguiente la nueva moneda se devaluaría en un % altísimo lo que supondría que los ahorros que tuvieran los catalanes en Catalunya se verían reducidos, se produciría un incremento altísimo de la inflación, y una reducción de los salarios. Todo ello sin contar la fuga de empresas y capitales que se trasladarían a otros países integrantes del Euro.

Como he dicho, no soy futurólogo ni se si este escenario apocalíptico se diera, pero el riesgo que se produjera es evidente, y por tanto, sería obligación de los políticos informarme de ello y de las medidas que adoptarían para evitarlo. De esta forma tanto la celebración de la consulta (con los efectos que ello conlleva) así como mi voto en la consulta, sería un voto meditado e informado, y no un voto visceral y emocional que parece que es lo que pretenden (sobre todo para el mantenimiento del voto de los que apoyan el independentismo como consecuencia del descontento político)

Como he dicho al principio de este artículo, en Catalunya observaban con ansía lo que ocurría en Escocia, para disponer de un precedente y un ejemplo porque sinceramente, creo que no saben dónde nos están metiendo, ahora lamentablemente, seremos nosotros los “conejillos de indias”, y encima sin saberlo. Esta situación me recuerda un refrán típico español: “Entre todas la mataron y ella sola se murió”. Todo este artículo expresa únicamente mi opinión, la de un ciudadano catalán que mira con perplejidad todo lo que está pasando. Entiendo que muchos expertos encontrarán inexactitudes, omisiones, y defectos y podrá generar cientos de críticas por parte de los diferentes sectores, pero, como les he indicado, el gran problema que tengo, es que me falta realmente información para que mi postura sea precisa en todos sus términos, por lo que está basado únicamente en mi experiencia personal y en la de otras personas que se encuentran en la misma posición.


Fotografía
Cartel de bienvenida a Escocia en una carretera en el concejo de Scottish Borders
http://www.panoramio.com/photo/47882623

 

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